Prender una vela es practicar el Rito del Fuego; o adorarlo; o hacerle culto.
No se sabe cuándo y cómo el hombre, por vez primera rindió culto al fuego. Tal vez fuese en aquella ocasión cuando vió por primera vez las llamas escaparse del cráter de un volcán.
O en aquella otra ocasión, cuando, en sus correrías nómadas por los bosques, presenció la destrucción de un árbol al castigo de un rayo.
O acaso, cuando, aún atemorizado en las postrimerías de la vida, dejó su oscura caverna y acarició sus ojos con la luz del sol.
Lo cierto es que, desde tiempos inmemoriales, la vela ha sido el símbolo de la claridad espiritual; y,LO QUE ES MÁS CIERTO AÚN: “... prender una vela trae consuelo al alma, Paz al espíritu y salud al cuerpo…”

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